Almendras garrapiñadas
Contaba un padre, gran aficionado taurino, a su
hijo pequeño lo ricas que estaban las almendras garrapiñadas cuando él tenía su
edad y las traían para la feria del pueblo, el niño con cara de asombro
preguntó:
¿Y eso que es, papá?.
A lo que el padre respondió:
Mira hijo son almendras seleccionadas, tostadas y
bañadas en azúcar de la mejor calidad, se meten en una bolsita de plástico y se
atan, muy bien, para que no entre aire y se pongan blandas, me las compraba el
abuelo al salir de los toros.
¡Papá!
¡papá! ¡cómprame almendras garrapiñadas!,
pide el niño a su padre por la feria del pueblo.
Vale lo haré, le dijo el padre, quien acercándose
a un puesto pidió:
¡Deme una bolsa de almendras garrapiñadas, por
favor!
La sorpresa del padre fue mayúscula cuando el
vendedor le pregunta:
¿De clase A o clase B o clase C?
¡Oiga señor!, asienta el padre, ¡¡las almendras
garrapiñadas son almendras garrapiñadas!!
¡Sería en sus tiempos caballero!, le contesta el
atribulado vendedor
¡¡Ahora son distintas!!, por fuera son iguales
pero la almendra de dentro cambia,
Las hay melosas, tratadas de tal manera que no
hay ningún tipo de peligro en su comer, dulces, pastueñas ¡vamos que no tienen
peligro!, normalmente estas garrapiñadas las compran para los selectos, son las
del tipo A, imposible que se les indigesten aunque no saben a nada.
Otro tipo son almendras clásicas ¿sabe? Unas
salen buenas, otras salen malas y algunas amargas como la retama, por ello los
selectos no las quieren por si les salen amargas.
Finalmente ¡amigo mío! hay unas que, aunque su
apariencia es como la que usted me cuenta comía cuando era joven difícilmente
son iguales, las hacen precisamente para los nostálgicos, imagínese que hasta algunas,
para que se parezcan a aquellas, la hacen ¡gordas! ¡gordas!, pasan como buenas
pero dando dos vueltas en el paladar ¡adiós almendra!.
¿De cuál quiere que le ponga caballero?
Déjelo señor, póngame dos cucuruchos de helado de
turrón.
Llegó el padre con los helados y el niño le
pregunta:
¿y las almendras garrapiñadas, papá?
El padre le contesta:
¡Tienen truco, déjalo!.
Pasado el tiempo se fue el señor, como buen aficionado
taurino, a ver las corridas de la feria
de San Isidro, donde su padre le llevaba de niño, ya que podía vivir en casa de
su cuñado, que había sido nombrado cuidador de la plaza y se ahorraba la
estancia, sacó su abono y venga ¡a ver todas las corridas!, a la calle no salía
para nada ya que todo lo que deseaba estaba allí.
Terminadas estas, al salir de la plaza con su
maletita para irse a su casa, un vendedor gritaba:
¡Almendras garrapiñadas!, vendo ¡almendras
garrapiñadas! ¿quiere unas bolsa, señor?
No gracias, dijo amablemente el caballero ¡ya he
comido bastantes!
El siguió su camino y el vendedor seguía gritando:
¡Almendras garrapiñadas!, vendo ¡almendras
garrapiñadas!.
Autor: Bravío1 (Manuel)
Dedicado a: Belén (gran introductora de
embajadores), Solotoros y cuantos
componen esa “cuadrilla” que no tengo el gusto de conocer, a pesar de compartir
cartel muchas tardes, y muy especialmente a Castellito, a quien desde la
distancia y el desconocimiento, he ido siguiendo en su salud,
¡A TODOS UN FUERTE ABRAZO!
0 comentarios:
Publicar un comentario