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MADRID, CRÓNICA.- 4ª de Feria

11:42
MADRID, CRÓNICA.- 4ª de Feria

Adalidades de la emoción torista y la entrega torera


Fue al quinto toro de la tarde, y no antes, cuando creí conveniente preguntarle al joven novillero que junto a mi lado veía la corrida qué balance hacía de su temporada, qué tal estaba. Pregunta tan elemental es la primera que se hace después del saludo a un torero en activo: bueno, y tú ¿qué? Quizás fuera una descortesía por mi parte no haberme interesado por el novillero, buen conocido mío, durante las dos horas que para entonces ya estaba durando la conversación pero juro que no había encontrado el momento oportuno para ello.
Por la sencilla razón de que hacerle esa pregunta conllevaría abstraernos de la corrida que esta tarde estábamos presenciando en Las Ventas, y por nada del mundo, ni él ni yo, íbamos a desperdiciar un puñado de frases en algo que no tuviera que ver directamente con lo que estábamos viendo: una corrida de toros con casta-genio interesante aun justita de todo que fue estoqueada por tres toreros de disposición plena y acierto técnico en la lidia. Ya al quinto toro, después de bajar el pistón la tarde, fue cuando hubo ocasión para estas cosas secundarias.
Bueno, y tú ¿qué? Le dije. Y charlamos un poquito, ahora sí, sobre su situación y cómo está la cosa de achuchá. En las dos corridas anteriores a ésta de Palha nos hubiera dado tiempo al chaval y al que escribe a hablar de la vida y milagros de quién sabe Dios. Aburrimiento predominante. Pero -¡alabado sea el Señor!- era tarde de interés, de atención a lo que ocurriera en los caballos, y no precisamente para rezar para que el piquero levantara lo antes posible la puya. Es cierto que el quinto fue protestado por tres pérdidas de manos. Excepción. La corrida, eso sí, no fue buena.
En primer lugar se las vio Fernando Robleño con un toro que cumplió con buen aire en el tercio de varas, acudiendo en el segundo puyazo desde bien lejos. Quitó su matador sin más y Castaño se hizo presente también de capote con unas personales chicuelinas. Al toro le molestaron las banderillas y resultó justo de casta, mansete y molesto o difícil. Solamente la primera tanda muletera por el derecho fue realmente buena porque luego llegaron los sustos entre las carencias del toro. Robleño, bien. Tras un pinchazo y una estocada fue silenciado.
El cuarto, un galán colorado, fue otro que cumplió en el primer puyazo, empujando con un pitón en el leve segundo encuentro. Se complicó ya en banderillas, dio arreones de manso-encastado unas veces y en otras hubo trances en los que la res era renuente a la embestida. Solo hubo ocasión para un macheteo por parte deRobleño, sin una opción siquiera. Tras una estocada casi entera tendida saludó desde el tercio, agradecimiento de un público a alguien que se había jugado la vida a carta cabal y que hizo lo que estuvo en su mano. ¡Bien!
Nada de lo que ocurrió esta tarde fue de trampantojo. No hubo ocasión para las medias verdades o la triquiñuela. Si algún torero rectificó no fue por aliviarse sino por no ser cogido, que es lo que le pasó a Javier Castaño quedándose en la cara al entrar a matar a su primero de la tarde, un jabonero con leña pero muy breve, chico.¡Ay! Antes, digna pelea en el caballo por parte del toro, que alternó ese encastado comportamiento con aires de manso, con la boca abierta. Quitó Aguilar. Repetición del toro, que se desplazaba con cierta largura.
Lo mejor de la gestión muletera a este segundo toro ocurrió al principio, como en todas las funciones de esta tarde. Estos toros -y más los malos- se complican pronto y se tornan irresolubles. Empezó Javier bien en los medios, luego llegó un larguísimo pase de pecho entre la alquimia que con destreza y firmeza llevaba a cabo Castaño: mandar al toro, para imponerse el torero, pero a la vez medir tal exigencia puesto que el animal iba con la casta justa, pobretón. Ya en la tercera tanda el toro se aburrió de embestir, parado y sin fuelle. Saludó desde el tercio; después pasó a la enfermería.
La cogida sobrevino en la suerte suprema. Javier Castaño no salió del embroque, sin darle salida al toro. Fue cogido por la ingle y muchos pensamos que la llevaba pero, gracias a Dios, no fue así. Quedó el susto en la inmensa paliza y en un tremendo golpe en la rodilla. Castaño no enmendó la colocación nunca, dio el pecho, ofreció todo de sí, y encima -como le ocurrió a sus compañeros- tocaron bien las teclas de este difícil piano de la casta complicada unas veces y de la mansedumbre quedada y mirona otras. La conclusión que de tal corrida haga el ganadero no debe de ser buena...
Castaño salió mermado de facultades a dar matarile a su quinto, un negro de abrumadora cornamenta que perdió manos varias de veces y que fue protestado. ¡Excepción! Llevó al caballo con destreza el brega de Castaño, donde cumplió el toro, o quizás algo más, tras lo que se vivió la ovación más rotunda de toda la Feria de Otoño de Madrid. David Adalid estuvo increíblemente valiente y diestro al colocar asomándose al balcón dos pares de dentro a fuera -por las querencias del toro- que pusieron en pie a la afición. Adalid, adalid de la entrega torera, como todos los que torearon esta tarde.
Pero todos, todos. Sólo en el sexto episodio hubo desorden en la plaza y se pitó a alguien que a pie de ruedo actuó. Fue la excepción. Enhorabuena a todos, especialmente a David Adalid por reivindicar el saber lidiador y recordar el potencial añejo del tercio de banderillas, jugándosela ante el posible arreón del bruto toro, que tuvo la virtud de desplazarse ¡Qué momento! Francisco Javier Rodríguez también se desmonteró por una ovación de veras que atronadora. El toro se complicó yCastaño, dolorido, abrevió. Tras pinchazo y estocada fue silenciado.
¡Ay Aguilar qué bien también! El sueltecillo que hizo tercero desmontó en el primer puyazo aunque fue en el segundo donde cumplió con creces el animal. A este puyazo lo llevó Alberto Aguilar a modo de quite pero después se sucedieron los capotazos para centrar la embestida. Se perdieron muchos lances ahí, quizás de manera inevitable. Hubo otra vez interés en banderillas, con el toro con más gas que toda la Repsol. Fue peligroso, con cara suelta, avispado, acabando más bien vulgar y sin recorrido. Aguilar, cruzadísimo, tiró de kilos de coraje, combinando técnica y arrestos. Tras estocada trasera y tendida saludó desde el tercio.
El sexto de la tarde fue el único que manseó en el caballo, al estilo de lo que hicieron los "atanasio-lisardos" de estos dos días anteriores en Las Ventas. Solo fue uno y se nos antojó poco. Raúl Ruiz perdió pie durante el tercio de banderillas y a punto estuvo de echarle mano el toro en un tercio donde la cuadrilla estuvo en un tono menor. Empezó Aguilar pronto en redondo, dispuestísimo, pero el toro se destapó como difícil y buscón, resistiéndole el acople a su torero. Acertó en las distancias pero reponía demasiado. Peligro evidente; verdad de Alberto. Tras pinchazo hondo que cayó cobró la estocada. Silencio. Pero palmas a una tarde de torismo interesante.

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