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MADRID- 1ª de la Feria de Otoño

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MADRID- 1ª de la Feria de Otoño

Solo valor "caballero" en una pobre novillada


Todavía no han empezado a caer las hojas y ya ha caído el primer pestiño en la plaza de toros de Las Ventas. Tres novilleros de distinto ambiente se las veían con utreros de la casa Lozano, un encierro bajo de todo del que solamente salvaremos al primero, boyante y potable al que dejó escapar buenas embestidas Gómez del Pilar. El sexto apuntó maneras tras cumplir en el caballo pero acabó tan rajadote como sus hermanos. Una pena. Mucha cara alta, mucho abanto, demasiadas miradas a toriles y tablas... ¡Qué poco vimos de lo bueno de Núñez!
Dicen que "esto de Núñez" es frío de salida pero que, si es bueno, rompe en la muleta. Se repitió la primera premisa demasiadas veces esta tarde y tan solo rompió el citado primero, espejismo. De la terna novilleril, para ser justos, hay que establecer diferencias en la crítica. Gómez del Pilar, más cuajado en edad, quiso demostrar sus ganas yéndose a portagayola dos veces pero no convenció. Ojo. A Luis Gerpe no se le vio mucho más allá del aseo y la disposición. El insultantemente joven Gonzalo Caballero volvió a cojonazo limpio pero sigue con esas carencias técnicas.
Al primero, como al segundo, lo recibió de hinojos delante de toriles Gómez del Pilar, saludo capotero que abrochó con dos medias bonitas, sin más. Dejó largo al novillo las dos veces, tan largo -trasero- como picó el de a caballo. Quitó por chicuelinas Noé con el toro a su aire, que había poco menos que cumplido en el tercio de varas. Se pareó bien, brindó al público el torero y, ya de muleta, empezó descolocado, siguió desde fuera con el único mérito redondo de ligar en un par de tandas iniciales. Al final, más compromiso con un animal boyante y bueno que infrautilizó. Tras pinchazo soltando y estocada de efecto fue silenciado. Palmas al novillo en el arrastre.
Con el cuarto, un berrendo en colorado pasadito de kilos, se fue otra vez a verle salir de cerca. Dispuesto. El animal salió pensándoselo, él aguantó el tirón sin pestañear. Trámite en los dos primeros tercios y, ya con la muleta, Gómez del Pilar no se acopló con un manso, bajo de casta y sin opciones con el que hubo demasiados tirones y sorpresas al novillero. Estuvo poco firme con una res que no se empleó: la capa de toro manso no era lo único que de tal tenía el animal. Ambos no se emplearon. Tras un pinchazo a toro parado, otro pinchazo y estocada defectuosa con derrame fueron silenciados ambos contendientes.
Luis Gerpe contendió con un segundo colorado con algo de expresión vacuna, muy estrecho de sienes, apretado de pitones, y levemente pitado por ello. Pronto empezó con un trote gorrinero el animal, recibiendo un puyazo en la querencia torilera del que salió de naja. Hubo falta de mando por parte de todos en este tercio, empeñados en picar al novillo como mandan los cánones... ¡pero el animal quería el sitio opuesto! Más eficacia en banderillas. Descompuesto el toro, llegaron hasta siete tandas breves sin enjundia delante del noble, soso y sin clase. El chaval no hizo mucho más que intentarlo. Perdió pie en un descuido, librándose del gañafonazo de milagro. Lo mejor vino después: una aguerrida tanda con garbo de desquite tras el susto. Tras estocada defectuosa de efecto fulminante hubo silencio para todos.
El quinto -de "Alcurrucén", como el primero- fue demasiado chico para esta plaza, una raspilla sin nada de nada por detrás. Recibió protestas del sector crítico, prolongándose éstas por los micropuyazos recetados y la falta de fuerzas de la res. Se fue recuperando mientras manseaba en banderillas. Buscó la estética Gerpe saliéndose a los medios al principio con la muleta, a pies juntos. Trató de educar al toro pero solamente llegó el aseo entre la sosería de la res y la vulgaridad de sus embestidas, cortas más bien. Sólo pudo justificarse entre medianías. Concluyó con manoletinas. Tras un pinchazo perdiendo el engaño, otro soltando y una más de media con dos descabellos recibió un silencio avisado.
El silleto tercero, tan manso como el resto, fue difícil de banderillear, sí, pero anduvieron demasiado fallones los rehileteros de Gonzalo Caballero, que nada pudo hacer de capote. Poco capote esta tarde. El animal tenía muchas teclas que tocar: pedía unas distancias y unos tiempos nada fáciles de administrar. El airoso tanteo del de Torrejón quedó en nada: sólo en las cercanías habituales de él, torero de valor y de una sola carta. No se acopló con el manso, soso y vulgar. Tras pinchazo feo en la suerte natural -como todos sus intentos, quizás debió hacer la suerte suprema en la contraria-, otro hondo más feo todavía por trasero y una casi entera desprendida y perpendicular fue silenciado.

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