Algo falló en la corrida de la afición
Era uno de los carteles "tapados" de la Feria de Albacete pero que había despertado ilusión y expectación entre los aficionados de la tierra. Una terna tremendamente joven se reunía para ir abriendo boca en un abono con una de las ganaderías del momento, con una temporada de buen nivel. El aficionado -laxo concepto bastante elocuente pero nada concreto- había gastado mucha saliva en poner bien la combinación por varias razones: porque no había figuras del toreo en la tarde, porque era buena ocasión para contrastar las virtudes de una juventud arreada. También contó en el análisis apriorístico la ganadería, un hierro que no es el habitualmente facilón, en el que no abunda el toro de carril. Porque hay que lidiarlos.
Por eso hay que apretar un poco las clavijas en el análisis de la segunda del abono de la Feria de Albacete. Nos hemos deshecho en elogios hacia la tarde, hasta hoy. La realidad ha evitado un buen titular. Alcurrucén lidió un hierro desigual de presentación, con toros muy bien presentados y otros menos cosa. Se igualaron en su comportamiento, con la excepción del sexto de la tarde que apenas tuvo opciones por su escasa casta. A la corrida le faltó fondo, le faltó casta, le faltó definirse en positivo. Porque la afición ha de ver lo que ocurre en el ruedo y dejarse de sugestiones y de tardes pasadas. Se esperaba, y eso es innegable, mucho más de los 'núñez' de los Lozano.
Fue la tónica general ese toro medianejo, no del todo aburrido pero con interminables teclas que tocar, demasiadas. Sobre los toreros no quisiéramos cometer un agravio comparativo ni errar en la crítica. Sabemos que al torero hay que medirle por la condición del toro al que se enfrenta pero los que fueron al coso albaceteño a ver jugársela de veras a la pareja de toreros del año y a uno de los de gusto del escalafón se quedó con ganas de ver más. Es Albacete feria septembrina, está gran parte del pescado vendido pero a pesar del juego del ganado, ningún torero atravesó la línea de arrojo absoluto. Demasiado reciente queda la gran actuación de ayer de Jiménez Fortes a su primero. Eso sí que es arrojo.
Tan así-así fue la tarde que comenzaremos a describir lo ocurrido por orden de aparición en el cartel de los toreros, lo cual es un síntoma elocuente de la tibieza de la corrida, templada sesión por la también descafeinada corrida de Alcurrucén. Toda ella abanta de salida -conforme a encaste-, con ganas de tablas a la hora de las banderillas varios de ellos y picados en la contraquerencia al menos dos de los toros. Bravura, poca. Interés, por momentos. Nobleza, muchas veces. Nada desesperante, una tarde con "sus cositas", como dicen los que evitan entre la tibieza quedar mal con el personal y convencerse de su condición de aficionado, buscando la conformidad.
En primer lugar salió un negro girón que cumplió en el caballo, donde recibió un puyazo trasero. Ya en banderillas hizo un extraño el animal, donde se mostró tan frío como todos sus hermanos. Hubo por parte de su matador, Iván Fandiño, un tanteo inicial mientras caíamos todos en la cuenta de que eran fundamentales la claridad de ideas y la firmeza. Dobló manos el animal, bajo de casta. Fandiño estuvo siempre bien colocado y se metió con él. Labor seria y sobria. Quizás no se podía hacer mucho más. Tras una estocada trasera y tendida más un descabello fueron silenciados ambos protagonistas.
Con su segundo, que tomó el puyazo en la querencia, Fandiño no se acopló del todo, tampoco es que fuera fácil, conste. Hizo un quite David Mora por chicuelinas, cosechando la ovación en este momento no él sino el banderillero que evitó que el toro recibiera otro puyazo por haber hecho hilo y buscar pelea con el equino, haciendo un quite con los rehiletes. Se desmonteró la cuadrilla tras parear. Bien. El comienzo fue prometedor, por la espalda dos de ellos, otros dos por delante y otro del desdén. Luego llegó un inoportuno desarme, el toro sacó su genio complicado que evitó la contundencia torera. Poco profundo el toro en su embestida, acortó ya el viaje a la quinta tanda. Llegaron las bernadinas, que elevaron algo el nivel, y luego un pinchazo y una buena estocada. Saludos desde el tercio tras aviso. Repartan responsabilidades entre toro y torero pero, en general, se esperaba más.
David Mora se las vio con un segundo, primero de su lote, muy bien presentado y badanudo, un precioso colorado acodado de pitones y muy en el tipo de la casa, especialmente en su tercio anterior. Recibió un primer puyazo en la querencia, del que salió de naja, y otro en la zona adecuada con aires de mansón. Hubo chicuelinas de Mora en el quite, con más voluntad que belleza. Tras una buena gestión banderillera y de lidia -se desmonteararon-, comenzó el madrileño con la rodilla flexionada y con gusto. Luego llegó el también inoportuno desarme que deslució la segunda tanda por el derecho, quizás faltó ajuste en la tercera por el mismo pitón y acabó la cosa en un aseo sin más con un final de toreo accesorio. Tras una estocada caída y perpendicular con espectáculo de resistencia al morir por parte del toro, cortó el torero una oreja con petición justita mientras el animal fue ovacionado en el arrastre. Recordaremos que recibió un puyazo en la querencia, al lado de toriles. Excesivo reconocimiento pues esa ovación, teniendo en cuenta que el precioso toro fue manso, noble y potable. No más.
En quinto lugar salió Navajero, nombre de lo más albaceteño. Recibió Mora de capote en su estilo, gustándose y buscando la belleza. Buen puyazo, brindis a un grupo de fieles seguidores en el tendido y bellísimo comienzo de tanteo inicial. La segunda tanda por el derecho fue bastante enjundiosa, bien Mora. Nos gustó más aquí que cuando se retuerce buscando la profundidad con el toro. Hubo temple y suavidad. Mantuvo el buen nivel de la faena hasta la cuarta tanda, ya por el izquierdo, pulseando y muy firme y con cabeza. Pero al final el toro se acabó, consumido en su nobleza con clase pero tan sosón como, al cabo, desfondado. Ya al final anduvo fuera en un epílogo desdibujado. Todo fue de más a menos. Tras un pinchazo y una estocada trasera y tendida atravesada dio la vuelta al ruedo, después de una petición de oreja minoritaria.
Al torero de Gerena le tocó otra de las reses muy bien hechas, presentadas en un nivel de plaza de primera. Hizo lo propio del encaste en su salida y descabalgó al picador, esperando en banderillas. Tras brindar al público Daniel Luque, llegó el tanteo por el derecho al hilo y cogiéndole el aire, con cosas de elegancia pero poco más. Se cayó el toro, bastante informal en sus embestidas y con muchas teclas que tocar. Había que templar. Por el derecho fue mucho peor. En la cuarta tanda, ya por el izquierdo, el torero atacó al animal, obligándole a definirse. Vimos, pues, un toro desigual en sus embestidas, como desigual e intermitente fue la faena. No tuvo ni contundencia ni continuidad. Tras una estocada fea desde fuera y muy caída recibieron silencio ambos contendientes.
Cerró festejo el peor toro de la tarde, que jamás humilló y que fue pegajosillo, complicado, molesto y descastado. Recibió un puyazo, donde anduvo vulgar, y acabó demostrando su poco lucimiento. Luque lo intentó, se hizo presente, pero poco más. Quizás no había material pero en una tarde de medias tintas -con las excepciones hechas- echamos en falta un plus en todo lo que se hizo sobre el ruedo por parte de todos. Tras una estocada traserísima y caída, ambos -Luque y su toro- cosecharon silencios, el mismo silencio que mereció una tarde de la que se esperaba mucho más. El que espera desespera, dice la voz popular. No hubo desesperación, quizás sí desesperanza porque el cartel y el hierro tienen unas hojas de servicio que nos animaron a acudir a la plaza con optimistas expectativas. Muchas de ellas desvanecieron.
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