Puerta Grande para Pozo
Llegó la primera de las flojas novilladas del abono albaceteño con una terna de jóvenes toreros que no gozan de gran nombradía. Por razones del pliego de condiciones, que exige de manera loable unos puestos para los chavales de Albacete en el resto de España, las combinaciones le salieron a la empresa en un tono menor. Y eso es sentir popular. Los nuestros ahora no tienen la fuerza suficiente como para dar por sí mismos y sin ayuda una vueltecica por el mapa y hay que echarles una mano aun a costa de que se hipotequen las dos novilladas del serial, hecho que en este sentido es bastante discutible.
Y así pasó. Como por aquí no pasó ni Gonzalo Caballero, ni Román ni Gómez del Pilar, la cosa ha quedado tibia. Se cumplieron las expectativas. El cordobés Manuel Fernández "Mazzantini" y el madrileño David Martín Escudero, sobrino del ganadero Adolfo Martín, dejaron ver su verdor, con matices. Más en positivo fue lo que apuntó el de Galapagar, al que se le atisba buen concepto, buen aire... pero también verde. "Mazzantini" destapó un toreo más bien frío y superficial, y encima despegadillo en la mayoría de las ocasiones. Alberto Pozo, de Albacete, batallador y aguerrido, hizo lo que pudo y supo, que no es todo lo malo. Le faltó ajuste también... También poco rodado.
Eso es lo que pasó. Luego ya viene la retahíla de siempre: que dónde están los novilleros, que parece que no se la juegan del todo, que esas ganas de verdad se echaron en falta... Pero no se nos debe olvidar que cada vez hay menos novilladas, que las opciones se reducen, que el que no sabe es como el que no puede. Aparte la novillada de la casa Lozano no dio facilidades -tampoco problemas irresolubles- y salvo el quinto de la tarde, realmente encastado y bueno, el encierro requería de docencia torera, y no hay que olvidar que los que a él se enfrentaron están precisamente aprendiendo.
Nada que ilusione en la tarde de hoy, en consecuencia. Lo más relevante ocurrió en ese quinto novillo, de nombre "Martinete". El de "El Cortijillo", un castaño lucero hermoso y de bonita lámina -como toda la novillada-, fue a su aire de salida -como todo el encierro, también-. En el caballo, hecho destacable, el animal se comportó de manera más que digna, puyazo trasero. Empezó Pozo con banderillas al violín; acabó con un par por los adentros con un mínimo espacio, lo mejor de toda su actuación esta tarde. Tiene valor y quiere. Muchos hubieran desistido de pasar por ese escaso espacio entre el toro y las tablas, él no lo hizo. Si no le hubiera salido bien diríamos que fue un inconsciente. Como fue perfecto, todos contentos.
Brindó la muerte de "Martinete" a su amigo Rafael García, que tanto le ayuda. En los medios, Pozo citó a un animal que rompió de verdad y se movió con codicia. Faltó casi siempre ajuste en la labor muletera de Pozo, que tendía a descolocarse. Pero eran rotundos los finales de las tandas, ligados el último muletazo y el de pecho. Al final bajó el nivel, que elevó con un desplante, tras lo que llegaron las manoletinas y un epílogo por debajo de lo más pertinente. Bien, hombre. Remató todo con un desplante genuflexo cogiendo el pitón al estilo del gran Dámaso, a quien había brindado, hoy de cumpleaños. Tras una estocada casi entera y algo delantera cortó las dos orejas.
No seré yo quien critique la doble concesión orejera porque Pozo tuvo algo que no tuvieron sus compañeros: que quiso más. Dio la vuelta al ruedo con el mayoral de la ganadería, al que invitó para recibir las ovaciones, muchas dirigidas a "Martinete". Lo que pasa es que tras un paso por la Feria de Albacete de estos hierros "lozanos" más bien regulero -ayer domingo lidió una corrida de toros que no gustó salvo un toro- quizás debió pensarse el mayoral un poco la invitación de Pozo a dar la vuelta al ruedo. Nada está aislado de nada y todo hay que encuadrarlo en su contexto. Ésa es una de las grandezas, y complejidades, de la Fiesta de los Toros.
"Martinete" tuvo mucha calidad y si no lució más fue por el verdor de Pozo, que sólo lo aprovechó en parte. Con el primero de su lote, un precioso colorado ojo de perdiz y bociclaro, intentó el quite tras el puyazo rectificado varias veces de su picador. Manseó el toro y se llevó un susto en el capote el novillero. Poca clase del animal ya en banderillas, tercio donde hubo marronazo en el primer par, reunión en el segundo y uno al violín al final que encantó. Salieron los muletazos de uno en uno tras el tanteo, donde no se vendió fácil, sin ningún trasfondo. El animal, con un viaje -por lo menos se movía- que no permitía la confianza, acabó soseando; Pozo se descompuso, no pulseó y no enseñó. Difícil labor; sólo actitud verdadera, que no es poco. Hubo susto al final cuando repuso el novillo. Tras estocada entera muy caída y perpendicular de gran efecto pero muy fea saludó desde el tercio.
Martín Escudero se las vio en su primer turno -tercer toro de la tarde- con un negro de astifinas defensas, frío de salida como todos. En banderillas se complicó -como varios otros-. Por cierto que el presidente obligó a pasar una cuarta vez a los banderilleros cuando ya en el tercer par tenía en el morrillo la res las reglamentarias cuatro banderillas. Capotazo y entrada que se la ahorre, eso que no perdemos, y más cuando el Reglamento no obliga a ello si ya tiene la res esos cuatro rehiletes. Brindó al público Escudero la muerte de un novillo con la cara por arriba, deslucido. Hubo polémica con la banda, que si toca que si no. Momentos bastante patéticos en los tendidos, dando importancia a lo accesorio. Porque a Escudero le salía todo bastante enganchado, con buen trazo en otros momentos, sobre todo a izquierdas. Dos tandas fueron más que asedas, de uno en uno. El animal, sin clase, tuvo esas mínimas opciones. Buena estocada, ligeramente trasera... El novillo se echó, falló el puntillero y se puso en pie, o en patas, mejor dicho. Todo se enfrió un poco, llegó el aviso, pero cayó la oreja por las buenas cositas finales.
La segunda actuación de Escudero es más fácil de analizar porque el "núñez" cortaba por el derecho, ya en banderillas. Uno de los Campano estuvo muy bien en banderillas ¡aunque de los dos pares solo puso dos, una y una! Porque sí hay que lucirse en banderillas pero no debemos olvidar que el que ha de triunfar es el torero y pasada en falso que se haga, bocado que se pierde. Ha sido toda la vida así y si el toro corta de veras no debería estar mal visto por la afición. El novillero sufrió desarme, volvió a verse verde... Hubo más enganches mientras trataba de hacerlo por el izquierdo de uno en uno. Silencio a ambos contendientes.
A "Mazzantini" le tocó otro novillo de los no fáciles. Uno de los "Hermanos Lozano", como el segundo, que soseó con la cara por arriba aunque no se comía a nadie, con poco viaje y poca humillación. Había que enseñar, lidiar. Y claro... Despegado tanteo, antes bien a pies juntos en el inicio, luego ya llegó el frío, la poca chispa, lo sorprendió el novillo y aquello quedó en nada. Cobró una estocada casi entera tendida tras dos pinchazos, después llegaron tres descabellos más un aviso y ambos protagonistas padecieron el silencio de la indiferencia. Entre el verdor y la poca expresión quedó la cosa. Pocos recuerdos.
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