Simetría entre ‘victorinos' y la terna
Curiosa simetría para la reseña del festejo con una buena segunda parte del festejo donde hubo tres toros mejor presentados y de mejor juego y tres toreros que se esforzaron y
consiguieron a cada una de tres orejas tras matar a sus respectivos tres toros de la misma forma: un pinchazo y una buena estocada. En los tres primeros toros se dictaminaron igual número de silencios para las correspondientes manufacturas.
La corrida de Victorino Martín, presente en el tendido de sombra, no resultó un rotundo triunfo, pero al menos tres buenos toros permitieron ir elevando el tono de la tarde y el cortar tres orejas de bastante peso a cargo de Luis Bolívar, Eduardo Gallo y Agustín de Espartinas.
Corrida desigual de presencia, con tres primeros toros feos: por su cara un 1º muy asticorto y un 3º acapachado con enorme bizquera, y escaso cuajo el 2º, único cuatreño del encierro. Salvo 1º y 3º, correosos con mal aire, los demás estuvieron en la línea de victorinos con posibilidades si les hacían las cosas bien. Es decir, fueron toros que descolgaban mucho y, si los llevabas tapados y sometidos, acometían con tanta emoción como profundidad.
Embestidas de velocidades diferentes a las que los toreros tuvieron que buscar soluciones a base de mucha y templada muñeca y de no dudar. Desde el punto de vista de la materia prima el cúlmen se alcanzó con ilhojas cuarto victorino que hubiera merecido una apoteósica vuelta al ruedo si llega a entregarse en el medidor de bravura del primer tercio.
La cosa quedó en una merecida ovación póstuma.
Si bien Luis Bolívar y Espartinas no tuvieron opciones de redondear sus tandas y faenas por lo complicado de sus primeros toros, Eduardo Gallo si construyó una faena templada ante el 3º, el suavón, aunque andarín, Moñete. Afeó mucho todo con un enhebro con el acero tras resbalar la espada al pinchar en hueso.
En el comienzo de la segunda parte apreció el tal Milhojas para elevar la emoción y las puestas en escena artísticas la corrida. Luis Bolívar lo vio claro y citó desde la distancia y con la diestra al encastado toro, que galopó para deleite del propio torero y del personal. Tres tandas de acople vibrantes. Muleta adelante y buena colocación del colombiano. Toro inagotable, embestidor con clase y nada tonto hasta después de la primera entrada con la espada. Importancia y oreja.
El 5º, Bombillero, que como muchos de sus hermanos se dejaron en varas sin emplearse mucho, repitió algo insulso, pero claro, en otra vez entonada faena de muleta de Gallo. Oreja tras una labor que había sido brindada al pamplonés Ignacio Cía.
El 6º, Jaquetón, colaboró en que Agustín de Espartinas esparciera por el ruedo estellés las mejores verónicas y el mejor toreo al natural de la tarde. Toro cumplidor ante el penco y con humillada clase en la muleta. Faena brindada al futbolista Javi Martínez. Y un ramillete de naturales al ratentí eternos, templando las distintas velocidades y recorridos del victorino. Muy bien.
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