Ya se temían los festeros tendidos del coso
pamplonica que los recortes al toro de la crisis no han hecho más que empezar.
En gráficas pancartas opinaban que no es el “Camino”. Yo particularmente, y
respetando el arte de los recortadores taurinos, prefiero el toreo, o sea, mejor torear que
recortar. El símil se vuelve contra la afición y vemos recortes de raza por
doquier, los “Dolores Aguirre” también. Qué feos, qué mansos, qué abantos, qué deslucido
espectáculo. Hoy se aburrieron hasta las peñas.
A Ferrera le tocó bailar con un desclasado
para abrir plaza que se le echó nada más coger la muleta. Dos pinchazos, dos
descabellos. ¿Y el de la merienda? Pues sin hambre. Rajado siempre. Con la
espada un recital, bajonazo y descabellos varios. A los dos los banderilleó la habilidad y no la
ortodoxia. No hubo suerte.
Con el buen momento que atraviesa Gallo nos
hubiera encantado verlo pelear con dos buenos aguirres. Dos gallinas es lo que encontró
en su lote. La primera, un melocotón blandito y manso que languideció poco a
poco. Tuvo cierta nobleza y supo sacarle algún derechazo con la mano baja. El
viento se alió con la segunda gallina para que Eduardo se estrellase contra la
mansedumbre. Tomó tres buenos naturales antes de huir a tablas. Bajonazo.
Valiente Joselillo ante su primero, supo
arrancarle una oreja después de una buena estocada. Comenzó la faena de muleta
de rodillas por un peligroso pitón derecho que alertó a los tendidos. Con mucha
voluntad sacó algunos meritorios
derechazos. Con la izquierda el toro no tuvo nada y se acabó. Manoletinas con
algún problemilla para finiquitarlo. Quiso buscar la puerta grande en el sexto
pero no sirvió. Luego de bajar la cara un par de veces y embestir con genio y
guasa huyo a tablas sin que lo parara el de Pucela. Se le complicó la muerte
del animal con una espada que hizo guardia y varios intentos de descabello.
Desfilaron las peñas a celebrar el día del santo con más vino. Los de las
pancartas, también.
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