El monarca que vino de Jerez.
“¡Pobre de mí!”. Y de todo aquel que aguantó con sopor la
triste y desigual corrida de la debutante ganadería de Torrehandilla. Pero no
así de Padilla, que lejos de compadecerse de sí mismo, se ha convertido en un baluarte
para la superación de las adversidades. Cantaban las peñas “…pero sigo siendo
el rey”, y Padilla hizo suya la canción. Porque, como todos sabemos, algunos
monarcas reinan en países donde no nacieron, elegidos por designios de
cromatismo sanguíneo o bien a dedo. No es el caso. Juan José I de Pamplona ha
sido elegido como rey foráneo por la afición pamplonesa. La corrida de hoy
sirvió de confraternal reencuentro entre Pamplona y el diestro jerezano. ¡Padilla,
qué huevos tienes!, fue el himno que entonó la plaza en repetidas ocasiones.
Pues eso.
Espectacular el
diestro en banderillas toda la tarde, la bordó en su primero. Guardando la lupa
en el cajón, vimos a un Padilla voluntarioso que sentado en el estribo comenzó
una faena decente a un flojo toro. Se acabó pronto, perdió las manos y llevo la
cara suelta. Oficio, tesón y algún pase bueno. Mató de un estoconazo en el que
se jugó el cuello literalmente al cerrarle el toro la salida. Sin puntilla y
oreja. El escurrido cuarto no le ofreció posibilidad de triunfo. Protestó a la
voluntariosa muleta del jerezano, perdió las manos y se quedaba corto.
Manoletinas y desplantes en la cara del toro. Estocada delanterita. Oreja y
homenaje en pie de una plaza entregada.
Ninguno de los dos
toros del “Juli” sirvió para nada. Descastados, blandos, deslucidos. Julián
quiso inventarse faenas imposibles sin enemigo. Llegó a meterse entre los
pitones con mucha voluntad pero sin trascendencia. Hábilmente cazó al segundo
de estocada casi entera y al quinto de estocada trasera tras pinchazo.
El tercero, para
Luque, fue un toro poco colaborador. De rodillas quiso recibir a la verónica
pero solo consiguió tres sueltas. En la muleta ofreció algún pase. El viento y
la condición del toro dieron paso al sopor. Pinchazo y estocada.
La embestida geniuda del sexto tampoco servía para triunfo
alguno. Sin embargo, supo arrancarle una orejita con la ejecución de unos cambios
alternados de mano por la espalda (made in Luque). Estocada y oreja.
Acto seguido, y a modo de estandarte, la
bandera pirata del parche en el ojo ondeo en el cielo de Pamplona. El monarca
jerezano abrió la puerta grande y fue vitoreado de nuevo por la afición.
Padilla, ¡qué huevos tienes!
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